Los seis mencionados en el título son los instrumentos que Donovan explica que le fueron impuestos con la comisión de la obra: oboe, clarinete, trompeta, violín, violonchelo y piano.
El resultado es chispeante, rico en sonoridades, juguetón: suena a teatro en estudio con decorados de cartón piedra y disfraces de papel.
Podemos ver en la obra un homenaje a La historia de un soldado de Stravinsky. También contiene, según menciona el propio autor, «allusions to once-popular tunes».
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